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Cuando los más pequeños pierden el control -

Mamás

Cuando los más pequeños pierden el control

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Los pequeños de la casa tienen tanto derecho a enojarse como los adultos, pero deben aprender a mantener sus emociones bajo control.


Y que es cuando se llenan de ira suele suceder que se extiende más de lo necesario provocando la irritación de los grandes.

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Para entenderlos mejor, no hay que olvidar que se trata de un estado emocional que varía en intensidad viajando de un enojo leve a la furia intensa, dice Ana Yendry Morales, psicóloga clínica.

“Algunos se enfadan más fácilmente y de un modo más intenso que la persona media, pues algunos no muestran su rabia aunque están crónicamente irritables, resentidos aumentando su ritmo cardíaco y presión arterial”, destaca Morales.

Agrega que hay evidencia de que algunos niños son susceptibles a irritarse desde muy temprana edad y la causa puede ser genética o fisiológica.

Ante una crisis es vital darse su tiempo porque al enfrentarlos su reacción no será la misma si están calmados que si estuvieran excitados, dice la psicóloga Melissa Céspedes.

Cuando los más pequeños pierden el control


En su opinión, hay que dejarle ver al menor que sentir molestia hacia algo o alguien no es malo, pero si la forma en que lo expresa porque suelen lastimarse, tirar objetos o agredir a terceros.

Céspedes añade que los padres de familia deben también aprender a controlarse tanto como sus niños. Es decir no elevar la voz y no responder igual que ellos porque se refuerza su conducta.

Lo mejor es abandonar la habitación dejar que lloren, griten y para ayudarlos a bajar todavía más sus emociones se les puede dar a los chicos papel para romper o bien hacer bolitas y puedan tirar a la basura.

Una vez que se calman tienen que saber que siempre hay consecuencias por sus actos y pueden ser negativas si su conducta no es la correcta.

¿Cuándo buscar ayuda? Si nota que los episodios son frecuentes, va creciendo la agresividad y teniendo un impacto negativo en sus relaciones es hora de buscar un profesional, sugiere Morales.

En casa, se debe localizar el origen de su comportamiento porque pueden ser víctimas de depresión, frustración y hasta de violencia en la escuela.Es importante no tocar al niño cuando está enojado, pues la adrenalina bloquea su razonamiento.

Si es necesario salga a caminar hasta que tanto usted como el menor recuperen el control.

Elija un momento oportuno y en privado para tratar de averiguar si hay algo que lo perturba. Además, refuerce el mantener siempre el respeto mutuo. Predique con el ejemplo.

Por Neyssa Calvo Achoy

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