Omelette surprise, un clásico

Omelette surprise

El omelette surprise tienta con su combinación de temperaturas. En Montevideo, era un sello distintivo del restaurante El Águila, donde a la experiencia sibarita se sumaba otro ingrediente: el postre se llevaba a la mesa y se flambeaba ante la mirada de los comensales.

Creado en el siglo XIX, su origen aún se discute. Una de las versiones señala que se sirvió por primera vez en EE.UU. durante un banquete de la Casa Blanca organizado por el presidente Thomas Jefferson. Este clásico también se bautizó como omelette a la novérgienne y no faltó nunca en las cartas de los mejores restaurantes y hoteles de Londres o Monte Carlo.

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Furor en otras épocas, este arrollado de helado y merengue sigue vigente. Caliente por fuera y frío en su interior, las versiones clásicas se preparan con crema americana o vainilla, pero en las más audaces suman más sabores y se acompañan con salsas.

Uno de los reductos más recomendables para probar el omelette surprise es Bar Facal. En el restaurante de 18 de Julio y Yí se sirve una porción digna de compartirse por la generosidad de su tamaño. Con merengue italiano dorado, helado de vainilla artesanal en su interior y la temperatura justa en su servicio hacen que el plato sea tentador desde el vamos.

En Punta Gorda, además de ofrecer una vista privilegiada de la bahía montevideana el restaurante Hemingway tiene su versión del omelette surprise. Al arrollado de de helado, la casa le agrega una deliciosa salsa de frutos rojos.

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En plan sorprender a los invitados y no optar por un restaurante, vale la pena elegir el omelette surprise de Los Trovadores. En la esquina de Gabriel Pereira y Berro hay dos opciones: individual ($ 150 y rinde dos porciones) y familiar (ocho porciones, $ 520). Gustavo Padula, director de la tradicional heladería, asegura que el postre está a punto luego de tres minutos de horno caliente.

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