Mantén en forma tu espiritualidad

Seguir a una religión no nos hace necesariamente espirituales, pero según los expertos, ser espirituales sí puede hacer que tengamos mayor bienestar.

Para muchos teóricos la espiritualidad ofrece una serie de creencias sobre los aspectos sagrados y seculares de la vida, pero también un sentido estable de la propia identidad individual y grupal que, al mismo tiempo, aporta un sentido de pertenencia y significado de vida, según plantearon como discusión introductoriaTodd Kasdan, de la Universidad George Mason, y John Nezlek, de la Universidad de William y Mary, cuando decidieron hacer una investigación para descubrir más aspectos de la espiritualidad y su importancia para las personas.

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Además de concluir lo que muchas ya hemos comprobado en la práctica -que se puede ser espiritual sin ser religioso y viceversa-estos investigadores hallaron también que nuestra espiritualidad fluctúa, es decir, que hay días que podemos sentir mayor o menor conexión con algo más grande que nosotras mismas. Pero lo realmente interesante es que encontraron que hay una relación positiva entre la espiritualidad y autoestima, y entre la espiritualidad y el sentido vital.

Aunque se considera que aún falta mucho por investigar en este tema, estos resultados y los de otros estudios sugieren a muchos expertos que la espiritualidad puede ser uno de los pilares de nuestro bienestar. Por eso, hay quienes proponen ejercicios para mantener en forma el espíritu, como Diana Boufford, una trabajadora social canadiense con experiencia en geriatría y quien plantea una serie de herramientas para que tanto las personas mayores como sus cuidadores, puedan crecer espiritualmente y encontrar mayor sentido a sus vidas. Aquí comparto algunas que pueden ser útiles para cualquier edad y situación de vida:

-Escribe una carta de gratitud: piensa en esa persona que ha hecho una diferencia en tu vida, y agradécele. Puedes entregar y leerle la carta a la persona, pero también es válido dedicar una carta a alguien que ya no está.

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-Tres cosas buenas: cada noche, trata de recordar al menos tres cosas buenas que te ocurrieron y por qué fueron significativas para ti.

-Enseña o déjate enseñar: comparte lo que sabes o aprende de otros, hay tanta generosidad en dar como en saber recibir.

-Ayuda a otros: encuentra formas de serle útil a otros –escucha a alguien atentamente, ofrece tu mano, tu experiencia, una palabra amable- y reconoce también la humanidad de aquellos que te sirven a ti.

-Perdona: a ti mismo y a los demás, vivir sin rencor nos libera.

-Ora y medita: dicen que rezar es hablar con Dios y meditar es escucharlo. Encuentra uno o varios momentos en el día para conectarte y hacer crecer tu paz interior.

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-Ponle intención: si profesas alguna religión y sigues sus rituales, no lo hagas mecánicamente. Concéntrate y dale significado.