¿Por qué deberías ejercitarte en familia?

Un estudio realizado por el Hospital de Hartford en Estados Unidos indica que hacer ejercicio retrasa la muerte de las neuronas y favorece el nacimiento de otras responsables del aprendizaje y la memoria. Mientras el sedentarismo físico va asociado a un mayor riesgo de deterioro cerebral. Ya lo hemos dicho: hay que hacer ejercicios.

La nutricionista y especialista en movimiento humano, Raquel Tejada, indica “que sentarse menos y moverse más disminuye el estrés, es un potente antidepresivo, actúa como una recompensa para el cerebro, nos protege de caer en las adicciones y nos hace sentir bien”.

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Pero hacer ejercicios no necesariamente implica pasar horas en el gimnasio, ni hacer a diario la caminata solitaria. Hacer ejercicios puede traducirse a pasar tiempo de calidad en familia del que se obtienen muchos beneficios, pues le enseñas a tus hijos con el ejemplo y se divierten juntos quemando calorías.

Los fines de semana, las fiestas familiares, los cumpleaños y las vacaciones son un momento ideal para actividades físicas al aire libre.

Entre las acciones a contemplar están: juegos, senderismo, nadar, remar, saltar la cuerda, entre muchas otras.

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Tejada agrega que “este espacio puede ser más ameno en familia. Pueden concentrarse en sus metas juntos, e incluso crear un gran vínculo. Aprovechar tiempo de calidad con ellos también se puede hacer mediante el deporte, ayuda a sus hijos a empezar pronto a ser activos”.

La especialista motiva a los padres a ser un modelo y dar el ejemplo, “Hay que tener en cuenta que si realizamos actividad física les estamos transmitiendo un modelo de vida activo, que es beneficioso tanto para nuestra salud como para la suya”.

Cómo incorporar la actividad física a la cotidianidad

– Salgan juntos a pasear a la mascota.

– Juega activamente con tus hijos. Nada de “yo te tiro la pelota desde aquí”, mientras estás sentada hablando con las amigas.

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– Camina siempre que puedas. Sube las escaleras en el edificio y hazlo un hábito con tus hijos.

– Un regalo sin motivo siempre trae felicidad. Llega a casa de vez en cuando con un objeto que implique actividad física: una cuerda de saltar, una pelota o una tabla de equilibrio.

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