¿Por qué usamos apodos cursis con nuestras parejas?

Te aseguramos que después de leer esta nota ya no te molestará tanto que tu novio te llame osita, princesa o cuchi. Eso sí, al resto de la humanidad seguramente le seguirá fastidiando esas ridículas demostraciones de afecto, así que no las hagan tan públicas

Según un estudio publicado en la revista Personal Relationships de Estados Unidos, mientras más usen tú y tu pareja un apodo para referirse al otro de forma cursi, más éxito tendrán en su relación. La explicación que los investigadores proporcionan es que, el nivel de satisfacción en la pareja está directamente relacionado con el uso de apodos cursis, porque estos incrementan la comunicación, algo, como sabes, fundamental en toda relación.

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En el estudio, se pudo observar que entre las parejas que participaron  aquellas que utilizaban apodos tenían mayor comunicación y, por tanto, eran más felices y hacía más tiempo que estaban juntos. Además, los apodos son un lenguaje creado por uno mismo con un toque tierno, que sirve como una manera de comunicarnos con el otro de forma sencilla.

¿A qué nos referimos? Bueno, al ser los apodos cursis entre las parejas una forma dulce y cariñosa de referirse al otro, cuando los usamos, la otra persona responde de una forma mejor y esto ayuda a que la comunicación en la pareja prospere. Pero eso no es todo, el estudio también arrojó otras conclusiones referentes a lo estable y feliz que puede ser una relación gracias a los apodos.

Te explicamos: el tener un apodo entre los dos, hace que las personas tengamos un sentido de pertenencia y singularidad con respecto a nuestra pareja; es decir, cuando usamos un apodo que solo nosotros usamos para referirnos a nuestra pareja, estamos diciéndole a nuestro cerebro que somos únicos para esa persona, porque la forma en la que lo llamamos es singular, nadie más le llama así.  Eso crea un vínculo más cercano y estable.

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Al final, el uso de apodos cursis puede terminar siendo hasta un reflejo involuntario que se da por el afecto que le tenemos a la otra persona. Lo que sí es cierto son los múltiples beneficios que esta curiosa y común práctica le puede aportar a la relación.

Por Génesis Amaris

Imagen: Archivo Eme

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