Consejos para catar tu misma los vinos

El rostro de quien cata, sueña. Es como si la persona entrara en un mundo lleno de mensajes invisibles que solo se perciben en silencioso placer… lo cual demuestra que lo de catar no es cosa sencilla. Implica dedicación y experiencia para obtener criterio, pero para empezar no se necesita más que disposición y ganas de disfrutar las delicias del vino. Guillermo Vargas, enólogo de Bodegas Pomar de Venezuela, nos brinda algunos consejos para que logres catar como una experta.

La copa adecuada

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“Debe ser alta, para poder agarrarla por el pie y no por la base. Así evitamos que el vino se caliente. Debe ser ancha en la parte basal y más cerrada arriba. Esto para que se concentren los aromas y cuando la agites no se derrame el líquido”.

La copa debe ser de un cristal fino y transparente. “No debe tener florecitas, ni un vidrio grueso, ni la pata de colores. Esto es horrible y no te permite apreciar el color de la bebida”, dice el experto.

Catar paso a paso

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Paso 1: Lo Visual

Lo miras, inclinas la copa sobre el mantel blanco para ver el color y saber si es un vino maduro o joven. Regresas la copa a posición vertical. El espesor lo determinas las gotas viscosas llamadas lágrimas.

El vino blanco debe ser pálido en general. Si es amarillo intenso puede estar oxidado. Cuando es muy joven debe ser ligeramente verdoso y cuando es maduro (dos años) debe ser de matiz dorado.

Con el vino tinto es más complejo, cuando es joven, suele ser morado y cuando comienza a madurar (uno o dos años), es de color rubí intenso. Más adelante, toma un hermoso color granate. Si toma un tono ladrillo es porque empezó a envejecer.

Paso 2: Lo olfativo

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Metes la nariz en la copa, sin mojarla -el vino se debe servir en un tercio de la copa- y luego no olemos, sino que respiramos los primeros elementos volátiles.

Aunque es muy complejo lo que se descubre, se puede definir que los blancos, normalmente, son de aromas cítricos, florales, de levadura y de frutas como manzana verde.

En el tinto se encuentran aromas de frutas rojas. Si tiene maduración, se puede percibir olor a vainilla o roble. Depende de su tiempo de reserva olerá también a cuero, tabaco o cacao.

Luego, se agita con cierto vigor. No antes. Debe girar dentro de la copa para que se desprendan los elementos volátiles más pesados. Al oler, encontraremos otros tipos de aromas más intensos.

Paso 3: El gusto

Es el momento de llevarlo a la boca, darle vueltas unos segundos para impregnar la mucosa. Ingerimos y disfrutamos de las sensaciones: aquí sentimos la temperatura, la astringencia o la frescura que produce la acidez.
Reglas de temperatura

El vino hay que tomarlo a una misma temperatura en cualquier lugar en el que estés, porque de esto dependerá el buen disfrute del sabor y aroma:

– Espumosos: se toman muy fríos. De 4 a 5 grados.
– Blancos: fríos de nevera. Entre 6 y 10 grados como máximo.
– Tintos: deben estar frescos. Refrescarlo alrededor de 16 y 20 grados. Entre más joven, más se puede refrescar, pero si se enfría mucho, sabrá amargo, duro, áspero. Muy caliente sabrá aguado y alcohólico. Sólo hay que ponerlo en una cubeta con hielo y agua durante 10 minutos. No más.

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